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LOS CINCO LATINOS (Ritmo y alegría) — 1 comentario

  1. ¡Caray Amigo mio! que oportuno y sensacional este espacio dedicado a este excelso, inigualable e irrepetible grupo de artistas bonaerenses. Fue precisamente en el año de 1957, digamos en el perìodo vacacional de Semana Santa, tuvimos la oportunidad de excursionar con dos tìas hermanas de mi Sra. Madre, Doña Pina; Fanny y Guadalupe, mis primos Tomàs el màs grande de todos los sobrinos. Victor, Humberto, Gloria hijos de la primera de ellas; mi hermano Fernando y yò. El lugar “La Estaciòn Pisìcola El Zarco, mejor conocido por “Las Truchas“, asìmismo no podìa faltar “La Marquesa” y obvio subir hasta el peñòn conocido como “El Mirador“. Gran experiencia de grato recuerdo, pues por primera vez estando en la cùspide del acantilado, nos hicieron actuar y cantar como los -cinco latinitos-. Los caballeritos màs pequeños Vic,Beto,Fer y Toño; la damita Goyis, disque cantamos precisamente la canciòn incluìda en la barra de mùsica “Quiereme siempre” preferida de mi madre; así como: “Solitario” y “Como antes”. Obviamente hicimos el ridìculo, pues en nuestra incipiente existencia habìamos cantado a capella y menos aùn en grupo; cada quien se entonò como mejor le acomodò, debut y despedida. Al menos mi hermano Fernando y yò nos defendimos, pues ambos fuìmos integrantes del coro de La Sagrada Familia, pero mis primos ni “J” para el canto. Tuvimos la oportunidad de convivir, experimentar la vida al aire libre, el campo y hasta nos aventamos la caminata hasta la “Laguna de Salazar“. Recuerdo que desde el mirador se veìa el espejo de este manto acuìfero; para ello no faltò el gracioso que dijo: ¡¡¡Vamos a nadar!!! y aun cuando no sabiamos, ni llevàbamos traje de baño se nos hizo formidable la idea. La razòn de ir hasta este paraje obedeciò al deseo irrefrenable de refrescarnos con un buen “Chapuzòn”. El deseo se esfumò, pues cuando llegamos a la orilla de la laguna; a lo lejos vimos que se acercaba una lancha y esperamos hasta que llegò cerca de nosotros. Mi tìa Fanny, le preguntò al lugareño…¿Señor, se pueden meter los niños a nadar?…Le respondiò…pues de que se pueden meter, se pueden meter, pero no se los acosejo la laguna tiene corrientes subterràneas y a lo mejor ya no salen. Ademàs, el fondo està muy lodoso, hay troncos y ramas, es peligroso. La tìa Guadalupe le preguntò…¿Señor, què significan esas tres cruces blancas en medio de la laguna?…le contestò….pues mire señorita, la historia es que ahì se ahogaron tres personas: un jovencito que tratò de desatorar el anzuelo de su caña de pescar, su padrino quièn al ver que no salìa, se lanzò en su búsqueda de su ahijado. Despuès, el papà del muchachito que al ver que ni su hijo y su compadre salìan, se aventò por ellos y tampoco saliò. Fue espeluznante e impactante la historia que nos narrò, que incluso nos dijo: ¡Ah!.. y ven a esos tres patitos blancos que andan en el agua, pues se dice entre los lugareños, que son las almas de los tres. Se formò un silencio prolongado y de pronto se despidiò y se fue. Esto fue mas que suficiente para olvidarnos del calor y de las ganas que tenìamos de disque nadar. Se nos venìa la tarde encima, nos regresamos hasta “La Marquesa”, nos detuvimos para comer algún antojito y finalmente regresamos a casa. Vaya un saludo fraternal a mis primos el abogado Victor, al Ing. Humberto y a la Odontòloga Gloria Urquieta Jimènez. Asì me tocó vivirlo.

    Hermosa historia, muy graciosa aunque de fondo contiene una fatal incidente, yo más bien pienso que su tía Guadalupe se puso de acuerdo con el lugareño para no dejarlos nadar porque ya sentía el hambre y quería regresar a comer en La Marquesa.

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